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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Recursos Escuela Sabática 

I Trimestre de 2008 

Libro Complementario 
Ideas prácticas para el discipulado 



Capítulo 11 

Crecimiento en el discipulado 



Cuando el poeta Longfellow comenzó a entrar en años, su pabeza 
era tan blanca como la nieve mientras sus mejillas eran tan rojas 
como una rosa. Un día, un ardiente admirador de él le preguntó 
cómo era capaz de mantenerse tan vigoroso y escribir en forma tan 
hermosa. Señalando a un manzano en flor que había cerca, dijo: "Ese manzano 
es muy viejo, pero nunca vi flores más bonitas en él que las que tiene ahora. El 
árbol crece un poco de madera nueva cada año, y yo supongo que de esa madera 
nueva es que salen esas flores. Como el manzano, yo trato de hacer crecer un po- 
co de madera nueva cada año". 

Esta es una valiosa lección para el discipulado. Es triste, pero los primeros 
discípulos no la aprendieron temprano, por lo que dejaron de obtener el máximo 
beneficio de la presencia de Jesús. No obstante, no fueron tan torpes como algu- 
nos eruditos dicen que fueron. Ciertamente, eran estudiantes lentos, pero mostra- 
ron algún crecimiento. Probemos esta idea. 

Discípulos aterrorizados (Marcos 4:35-41) 

Jesús llamó a los discípulos a que aprendieran de él antes de salir a predicar y a 
exorcizar demonios. Cuando los hechos descritos en Marcos 4 sucedieron, lo 
habían seguido por unos dos años, pero aprendían lentamente, tenían dificultad 
para comprender y tenían problemas para transferir lo que habían aprendido de 
una situación a otra. Una vez, después de un agitado día de enseñanza, Jesús los 
llevó en un viaje en barco a través del Mar de Galilea. Cansado y deseando des- 

1 EleanorDoan, TheSpeakei J sSourcebook{Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1960), p. 119. 
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cansar, Jesús se preparó un lugar para dormir en la popa del barco, y muy pron- 
to se quedó dormido. 

Los evangelios sinópticos dicen que, de repente, se levantó una tormenta en el 
lago. Esto es típico, ya que "el mar de Galilea es pequeño; mide solamente unos 
21 kilómetros de largo y 13 de este a oeste, en su parte más ancha. El valle del 
Jordán sigue la línea de una profunda falla en la corteza terrestre, y el Mar de 
Galilea es parte de esa depresión. Está a unos 210 m debajo del nivel del mar. 
Esto hace que su clima sea cálido y agradable, pero también tiene sus peligros. 
Sobre el oeste, hay montañas con quebradas y valles; cuando soplan los vientos 
fríos del oeste, estos valles y quebradas actúan como gigantescos ventiladores. 
En ellos, el viento se comprime, por así decirlo, y baja sobre el lago con una vio- 
lencia inusitada, haciéndolo, además, repentinamente. En un instante, la calma 
puede convertirse en una pavorosa tempestad". 

En el medio de la tormenta, los discípulos despertaron a Jesús. Tenían miedo, y 
le preguntaron si se preocupaba por ellos, que estaban a punto de perecer. Como 
pescadores, deberían haber conocido estas tormentas repentinas, pero su reacción 
implicaba pánico y terror. Tener a Jesús, el Maestro, en el barco con ellos, no sig- 
nificaba nada para ellos. 

Después de que Jesús calmó la tormenta, regañó a los discípulos por su temor y 
falta de fe. Esto indica que Jesús había esperado que ellos hubieran crecido, y se 
chasqueó por lo que evidentemente era la ausencia de crecimiento (en el peor ca- 
so) o su aumento lento (en el mejor caso). 

Cuando los discípulos vieron el poder de Jesús sobre los elementos, estuvieron 
sorprendidos y se preguntaban entre sí: "¿Quién es este, que aun el viento y el 
mar le obedecen?" (Marcos 4:41). La primera parte del pasaje los describe ate- 
rrorizados, llenos de pánico, lentos para comprender el poder de Jesús. Al final, 
los discípulos exhiben un temor reverente y admiración. ¿Lo llena de admiración 
y reverencia el poder de Dios en su vida? 

Compare y contraste la respuesta de Jesús a la tormenta con la de los discípu- 
los. ¿Ha crecido su discipulado hasta el punto en el que puede dormir en me- 
dio de una tormenta? ¿Qué hará usted para asegurarse que su discipulado 
produzca mejores resultados que los que tuvieron los primeros discípulos de 

Jesús? 

"Sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). 

2 Barclay, Mateo, 1.1, p. 332. 

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Más terror en el lago 

(Marcos 6:45-52; Mateo 14:22-33) 

Para ese entonces, los discípulos habían tenido suficiente interacción positiva 
con el Maestro, y ellos deberían haber entendido sus estrategias pedagógicas y 
alcanzado percepciones que aumentaran su crecimiento. Habían realizado una 
exitosa gira misionera (Marcos 6:6-13), habían presenciado la alimentación de 
los cinco mil, y también su primer milagro sobre el lago. La noche después de la 
alimentación de los cinco mil, otra tormenta cayó sobre ellos en el lago. Esta vez, 
Jesús no estaba con ellos. Se esperaría que ellos hubieran orado o intentado emu- 
lar a Jesús cuando calmó la tormenta, ya que los discípulos aprenden de sus ma- 
estros. No obstante, no hicieron ninguna de las dos cosas. 

Marcos dice que Jesús los vio haciendo un gran esfuerzo, porque el viento les era 
contrario. Aunque físicamente ausente, él conocía sus circunstancias. Esto signi- 
fica que, cuando nos esforzamos con los remos de la vida con sus dificultades, y 
pensamos que estamos solos y que nadie se interesa, Jesús ve y se preocupa, y 
vendrá a nosotros en nuestra hora de mayor necesidad. 

En algún momento entre las tres y las seis de la madrugada, Jesús caminó so- 
bre el agua para unirse a sus discípulos. Marcos dice que estaba a punto de pa- 
sarlos de largo, pero ellos lo vieron y le gritaron. Los evangelios dicen que los 
discípulos creyeron que era un fantasma, y se aterrorizaron. Jesús los tranqui- 
lizó, identificándose. Entonces, subió a la barca con ellos y serenó la tormenta. 
Marcos hace una declaración curiosa: "Ellos se asombraron en gran manera, y se 
maravillaban, porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto esta- 
ban endurecidos sus corazones" (Marcos 6:51, 52). Aunque la alimentación de 
los cinco mil precedió a este evento, no solo no comprender lo de los panes tenía 
que ver con el asombro de los discípulos ante este segundo milagro relacionado 
con las tormentas. Una comparación con Mateo resulta útil. 

Mateo dice que, cuando descubrieron que la aparición que caminaba sobre el 
agua era Jesús y no un fantasma, Pedro pidió ir a Jesús. Cuando se le otorgó su 
deseo, Pedro tuvo éxito en caminar sobre el agua hasta que quitó la vista de Jesús 
y comenzó a mirar las olas (Mateo 14:30). Por lo menos, Pedro había aprendido lo 
suficiente de discipulado para saber qué hacer cuando comenzó a hundirse: 
clamó a Jesús por ayuda. Jesús le dijo a Pedro que sus dudas lo hicieron fraca- 
sar. De hecho, esa es una de las herramientas que el diablo usa para desanimar a 
los discípulos y para intentar descarrilar su discipulado. Como Pedro, los discípu- 
los modernos necesitan evitar las dudas y aprender a expresar confianza comple- 
ta en Dios y en la capacidad de Dios para ayudar. 

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De acuerdo con Mateo, los discípulos estuvieron asombrados cuando Jesús 
entró con Pedro en el bote y los vientos cesaron, y siguió la calma. Tal vez su 
asombro se relacionó con el control de Jesús sobre los elementos, así como por la 
experiencia de Pedro, y no solo por la mala comprensión del milagro de los panes 
que menciona Marcos (ver Marcos 6:51,52; Mateo 14:30). Mateo aumenta nues- 
tra comprensión cuando dice: "Los que estaban en la barca vinieron y le adora- 
ron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios" (Mateo 14:33). Tal vez 
Marcos omitió la experiencia abortada de Pedro al caminar sobre el agua porque 
no quería avergonzar a un líder de la iglesia, y así enfatizó el asombro de los 
discípulos relacionándolo con los panes. 

Marcos 8:14 al 21 nos cuenta otro momento de enseñanza que tuvieron los Do- 
ce mientras estaban sobre el Mar de Galilea. Otra vez estaban cruzando el lago 
con Jesús, y esta vez se habían olvidado de traer pan consigo. Cuando Jesús les 
advirtió contra la levadura de los fariseos y de Heredes, ellos pensaron que se re- 
fería al hecho de que habían olvidado traer pan. La severa reprensión de Jesús 
(versículos 17-21) revela que él esperaba que la capacidad de los discípulos cre- 
ciera para transferir el aprendizaje de una situación a otra. Además, muestra que 
él no apreciaba su lento crecimiento; los acusó de tener corazones duros y per- 
cepciones lentas. 

Para crecer espiritualmente, un discípulo primero tiene que aprender a 
inclinarse mucho, para doblar sus rodillas ante los pies de Jesús: ese es el 
lugar donde recibir ayuda, y el único lugar seguro en el mundo. 



Señales de progreso en el crecimiento 

(Mateo 16:13-21 

A pesar de la lentitud de los discípulos y de la incapacidad de transferir el 
aprendizaje de un incidente a otro, de tiempo en tiempo daban razones para tener 
esperanza y ver indicios de crecimiento. Su primera demostración de que co- 
nocían la verdadera identidad de Jesús no fue en Cesárea de Filipo. De acuerdo 
con Mateo 14:33, sucedió cuando Jesús y Pedro entraron en la barca después de 
la aventura de la caminata abortada de Pedro sobre el agua. Esta confesión fue 
espontánea y no solicitada, a diferencia de la de Cesárea de Filipo. Lo menos que 
se puede decir es que los Doce comenzaban a comprender. 



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Algún tiempo más tarde, en Cesárea de Filipo, evidentemente para verificar el 
crecimiento en comprensión de los discípulos, Jesús los forzó a tomar una posi- 
ción con respecto a su verdadera identidad. No se nos dice por qué eligió pre- 
guntarles eso mientras estaban en territorio gentil, pero es fascinante. De cual- 
quier modo, les preguntó a los Doce quién decía la gente que era él. A pesar de 
otros problemas, por lo menos habían captado la opinión pública. De acuerdo 
con los discípulos, ¿qué decía la opinión pública acerca de Jesús? ¿Por qué la cita 
de la opinión pública no satisfizo a Jesús? ¿Qué más buscaba él? 

Jesús quería saber la opinión que ellos tenían de él, así que les preguntó: "Y vo- 
sotros, ¿quién decís que soy yo?" Respondiendo en nombre del grupo, Pedro dijo: 
"Tú eres el Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente" (Mateo 16:15,16). 

La respuesta de los discípulos implicaba que ellos comenzaban a captar quién 
era Jesús, aunque no entendían todavía cuál era su misión. ¿De qué modo Jesús 
reconoció la verdadera identidad en esta confesión? La comprensión que estaba 
naciendo en ellos ¿de qué modo afectó la forma en que Jesús los discipulaba? 
(Ver Mateo 16:21). 

Jesús respondió a la confesión de los discípulos bendiciendo a Pedro, quien hab- 
ía hablado en nombre del grupo. Luego le dijo a Pedro que él edificaría su igle- 
sia y que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella. ¿Cómo entiende 
usted este texto? ¿Podría Cristo haber edificado su iglesia sobre Pedro? 

El crecimiento de los discípulos era débil. Cada vez que ellos parecían dar un 
paso o dos hacia adelante, los seguían tres o cuatro pasos hacia atrás. Pedro esta- 
ba en el centro del asunto. Siguiendo la confesión de los discípulos, Jesús había 
comenzado a predecir su pasión, tratando de prepararlos para lo que sucedería en 
Jerusalén. Pero ellos no escuchaban. De hecho, Pedro tomó a Jesús aparte, y lo 
reprendió, sugiriendo que lo que Jesús predecía nunca ocurriría. Jesús tuvo que 
reprender con fuerza a Pedro, diciendo: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me 
eres tropiezo" (Mateo 16:23). 

¿Hay momentos en que los discípulos modernos llegan a ser piedras de tropiezo 
para Jesús, para su iglesia o para la verdad? Cite algunos casos. ¿Qué métodos 
podemos usar para corregirlos? 

El discipulado tiene sus altos y sus bajos, de modo que la persistencia y la 
perseverancia son las claves del éxito. 



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Impetuosidad en un monte (Marcos 9:2-7) 

¿Cuál era la importancia de la confesión de Pedro en Cesárea de Filipo? ¿Por 
qué pareció ser tan importante para Jesús? Inmediatamente después de la confe- 
sión, Jesús comenzó a predecir su pasión. Les dijo a los discípulos que algunos 
que lo habían escuchado no morirían hasta que vieran el Reino de Dios viniendo 
con poder. ¿Se cumplió esta profecía? 

Seis días después de esta predicción, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan 
con él y los llevó a un monte alto, donde fue transfigurado y donde lo visitaron 
Moisés y Elias. Este era un evento significativo y evidentemente representaba la 
venida del Reino con poder, como Jesús había predicho. La respuesta de Pe- 
dro, en Cesárea de Filipo, ¿mostró que los discípulos estaban comenzando a 
comprender lentamente? El hecho de que Jesús comenzó a confiarles información 
confidencial parece confirmar esto. 

Sin embargo, la respuesta de Pedro a los eventos sobre el monte parece negar su 
progreso en la comprensión. Cuando vio los eventos sobre el monte, especial- 
mente los visitantes celestiales, tuvo miedo y no sabía qué decir. La sabiduría 
podría haber dictado que, en tal situación, el silencio es la mejor respuesta, o es 
oro, como dice un proverbio español. Pero no para Pedro. Es sabio pensar antes 
de hablar, pero Pedro habló sin pensar. Una nube que los envolvió lo salvó de 
concretar su impetuosidad. Entonces, la Voz celestial les indicó que dejaran de 
mirar lo que Jesús estaba haciendo y comenzaran a concentrarse en lo que estaba 
diciendo. 

Reconociendo que aprendemos más por lo que vemos, sentimos, tocamos y ole- 
mos, que por lo que oímos, ¿qué haría usted para asegurarse que lo que ve no le 
impida su progreso espiritual? ¿Cuáles son algunas maneras en que podría suce- 
der? 

Mientras los discípulos bajaban del monte, Jesús los instruyó para que no dije- 
ran a nadie lo que habían visto, hasta que hubiera resucitado de los muertos. Lo 
desparejo de su crecimiento se ve en esta ocasión. Los discípulos eran suficien- 
temente confiables para mantener el secreto: Marcos dice que se guardaron el 
asunto para ellos mismos. No obstante, discutieron entre sí qué significaba "la re- 
surrección de los muertos". "Los discípulos estaban desconcertados en cuanto a 
qué relación podría tener un acontecimiento tal con aquel que consideraban que 
era el Mesías". ' Ellos no tenían el concepto de un Mesías sufriente, y no inten- 



3 Francis D. Nichol, ed, Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 618. 

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taron siquiera preguntarle a Jesús qué quería decir con esto. Ellos eligieron per- 
manecer ignorantes. 

La actitud de su discipulado determina su altitud espiritual. 



Discípulos con corazones ardientes 
(Lucas 24:13-32, 46-52) 

La confesión de Pedro en Cesárea de Filipo trajo una transición en la estrategia 
del discipulado. Jesús comenzó a revelarles los eventos venideros en Jerusalén. 
Predijo su pasión tres veces, dando cada vez más detalles. No obstante, los discí- 
pulos estaban completamente sin preparación cuando finalmente ocurrió. Ellos no 
transfirieron lo que habían aprendido ni se beneficiaron con la instrucción que 
recibieron. Tampoco los eventos que se desarrollaban en Jerusalén ni los infor- 
mes de la Resurrección les hicieron recordar las predicciones dadas por Jesús de 
que sería entregado en manos de los pecadores y muerto, pero que resucitaría al 
tercer día. Aparentemente, estaban tan conmocionados que no aprendieron nada. 

La tarde que siguió a la Resurrección, dos discípulos viajaban de Jerusalén a 
Emaús. ¿Cuál era su disposición de ánimo y el tema de su conversación? ¿Quién 
se unió a ellos, y cómo le explicaron lo sucedido? ¿De qué modo respondió Jesús, 
y cómo los describió él? Analice las explicaciones que les dio Jesús a los dos discí- 
pulos. ¿Fue este un estudio bíblico o una instrucción para el discipulado? 

Aun si los dos discípulos no entendieron todo lo que les enseñó Jesús, sabían 
que la hospitalidad era esencial para el discipulado. ¿De qué modo su bondad 
resultó en beneficio para ellos? ¿Qué lección de relaciones con los extraños po- 
demos aprender de su experiencia? 

Una historia cuenta que una mujer oyó que Jesús visitaría su hogar cierto día es- 
pecífico. Ella gastó el último dinero que le quedaba para comprar alimentos con 
los cuales atender a su invitado. En camino a casa, ese día frío, vio a una mujer 
que tiritaba y un niño vestido de harapos mendigando ayuda. Golpeada por su 
necesidad, les dio los alimentos que había comprado y su manto. Entonces, 
pensó en qué le serviría a su Huésped. Al llegar a casa, encontró en su puerta 
una carta firmada por Jesús. Le expresaba su agradecimiento por su hospitalidad 
y en el sobre encontró más dinero que el que ella había gastado en comprar ali- 
mentos. 

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Cuando los dos discípulos descubrieron que su compañero de viaje era Jesús, 
¿de qué manera respondieron? Nosotros, también, podemos tener nuestros cora- 
zones ardientes al viajar por los polvorientos caminos de la vida en dirección a la 
Canaán celestial. Esto puede realizarse al tomarnos tiempo para leer la Palabra y 
buscar la conducción y la ayuda de Dios. Al orar y ayunar, él hará que nuestros co- 
razones ardan dentro de nosotros y nos llenen de fuego por él. 

Después de reconocer a Jesús, los dos discípulos "al recibir su gozo, se dieron 
prisa para compartirlo. Había una caminata de diez kilómetros a Jerusalén, pero 
no podían guardarse las buenas nuevas. El mensaje cristiano no es nunca total- 
mente nuestro mientras no lo hayamos compartido con alguien". ¿Ha estado us- 
ted compartiendo el evangelio? 

Los discípulos fueron lentos para comprender. Su crecimiento fue lento y do- 
loroso. Pero Jesús se quedó con ellos y trabajó con ellos hasta que ocurrió 
algún crecimiento. Aun después de la Resurrección, todavía eran lentos, pero ca- 
da encuentro con el Señor resucitado llegó a ser una oportunidad para iluminar- 
los. 

"No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, 
hospedaron ángeles" (Hebreos 13:2) 



4 Barclay, Lucas, p, 287. 

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